Ciencia en México


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Estudian el crecimiento polarizado de las células en hongos filamentosos

Investigadores del Departamento de Microbiología Experimental, del Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada, se encuentran estudiando la especie fúngica Neurospora crassa que ha dado lugar a muchos conocimientos básicos en otras áreas, además de que se conoce todos sus genes a la perfección. 
     “Nos encontramos estudiando cómo se forma la pared celular; sobre todo las proteínas que intervienen en este proceso y cómo se coordinan para hacer que todas las enzimas involucradas se vayan hacia el ápice”, explica la doctora Merixtell Riquelme Pérez, líder de este proyecto.
     Los hongos filamentosos tienen unas células tubulares y alargadas, en cuyo ápice (extremo superior o punta), se encuentra una estructura de semiesfera que les permite crecer, la cual se llama Spitzenkörper. A partir de ella, si se usa inhibidores, se perturba o se estresa el hongo, ésta comienza a desaparecer o se altera su morfología. “Lo que hemos descubierto es que Spitzenkörper está conformada por vesículas que contienen las enzimas que forman la pared celular y son de diferentes tamaños: las que se encuentran al centro son microvesículas y las del exterior son macrovesículas. Ahora, estamos analizando el impacto que tiene esta organización a nivel celular en la función enzimática en relación con el crecimiento”, explica.
     En esta investigación también colaboraron investigadores alemanes de instituciones académicas como Instituto Tecnológico de Karlsruhe, la Universidad de Gotinga, Universidad Ruhr de Bochum, Universidad de Marburgo y la Universidad de Düsseldorf.
     Cabe destacar que ésta es la primera vez que se observa tales vesículas y los investigadores esperan poder obtener los recursos para continuar la investigación y analizar cómo se organizan estos hongos a nivel macromolecular para derivar en formas más complejas.

Buscan regenerar el tejido infartado con andamios celulares

Científicos del Instituto de Investigaciones en Materiales-UNAM, dirigidos por el doctor Alfredo Maciel Cerda trabajan en el desarrollo de andamios para el crecimiento celular y la regeneración de tejido infartado.
     Según el doctor Maciel Cerda, crear este andamio requirió polímeros biodegradables y biocompatibles: “Usamos la técnica conocida como electrohilado para crear fibras —o hilos— de entre una micra y 150 nanómetros de diámetro, pues, al juntar dichas fibras al azar, se deja huecos que pueden ser suficientemente grandes para alojar una célula, proteína o fármaco”.
     Estos andamios se han desarrollado para regenerar el tejido infartado del corazón; con tal fin se utiliza el compuesto epicatequina, “normalmente el cuerpo intenta restaurar la zona dañada, pero ocurre que, en lugar de regenerar el tejido en forma de músculo, lo hace como un tejido fibroso de colágeno, de modo que no cumple con la función de extensión y contracción que tiene el músculo. Por esta razón, las personas que experimentan un primer evento de este tipo, muy probablemente puedan sufrir otro”, explica.
     Al existir una zona dañada por infarto, el corazón debe hacer un mayor esfuerzo, “los andamios que estamos desarrollando también contienen células de embrión de pollo, las cuales se agrupan eficientemente sobre el andamio y comienzan a hacer la función de extensión y contracción del corazón”.
     Aún falta encontrar cuál es la mejor condición para que este andamio actúe en un ser vivo: “queremos probar estos andamios en un ser vivo para analizar su eficiencia, de tal forma que, si todo sale a nuestro favor, en un futuro pueda ser utilizado en el tratamiento de las personas infartadas”, concluye el doctor Maciel.

Fueron recolectados por investigadores del Cinvestav, UNAM, Ecosur y CICESE, en el fondo del Golfo de México, entre los que se encuentran organismos microscópicos y otros parecidos a medusas, lombrices, camarones y peces alargados, los cuales pueden soportar temperaturas cercanas a la congelación y altas presiones. Esta es la primera vez en la historia de la oceanografía practicada en México que se localiza distintas formas de vida a esa profundidad.

Fue otorgado a Brenda Lizbeth Arroyo Reyes, Patricia Victoria Pérez Luna e Irving Fernández Cervantes por su trabajo de investigación con el que, a partir de las matemáticas, diseñaron un material con apariencia de tejido óseo que, al ser impreso en 3D, puede ser producido en masa.

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