Riesgos y oportunidades
en las redes sociales virtuales


Riesgos y oportunidades
en las redes sociales virtuales
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Las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), así como el uso de la internet se han popularizado prácticamente en todo el mundo, toda vez que favorece la transmisión de datos. El intercambio de éstos, una vez procesados y convertidos en información, establece un escenario para la comunicación entre los interesados en la amplia diversidad de temas que se atienden en la vida cotidiana. De esta forma, se han integrado estructuras sociales por las cuales sus actores (individuos u organizaciones) se relacionan para atender temas en común; es decir, se crean redes sociales. Tomando en cuenta que éstas se constituyen como escenarios no físicos, en la internet, se les denomina Redes Sociales Virtuales (RSV).

El tema de las RSV preocupa a docentes y padres de familia, debido al aparente exceso del tiempo que se invierte en ellas. No es extraordinario escuchar que profesores y padres de familia limitan o prohíben a niños y jóvenes su uso. Algunos estudiosos del tema han sugerido que estas redes son un riesgo porque propician adicción. No obstante, también es necesario reconocer que aquellas personas que interactúan en dichas redes adquieren nuevos conocimientos, habilidades y actitudes que no aprenderían fuera de ellas. Es, precisamente, lo que favorecen las RSV: la oportunidad de la comunicación, el acercamiento con otros y la socialización de sus aprendizajes.

Con la popularización de internet, las formas de comunicación han cambiado en el mundo, la mayoría de las personas tienen acceso a ella y, en consecuencia, a las redes sociales virtuales. Una red social es una estructura compuesta por un conjunto de actores, individuos u organizaciones vinculados por lazos interpersonales, que establecen relaciones de amistad, parentesco o intereses comunes. Todos pertenecemos, de una u otra forma, a una red social. Hoy día, y de manera específica, las RSV son esquemas que permiten a los individuos atender temas de interés común, compartir contenidos en diversos formatos de comunicación y establecer relaciones interpersonales. El uso de RSV es la actividad más popular en todo el mundo. La mayoría de sus usuarios en México están afiliados a FaceBook, whatsapp, youtube, twitter e instagram.
     Las RSV orientan su atención a diferentes temas, ya sea específicamente para el intercambio de mensajes de texto o para difundir archivos de imagen, audio o video. También hay redes que permiten a sus actores escucharse o verse en tiempo real, como skype. Otras más, permiten a los usuarios asumir una personalidad virtual, en tercera dimensión,  para ejecutar acciones similares a las del mundo real; ejemplo de ello está en Second Life
     La mayoría de las redes virtuales permiten al usuario enviar, recibir y compartir mensajes de texto; buscar, invitar, recibir o rechazar contactos; revisar perfiles, de amigos potenciales como de los previamente aceptados; formar nuevos subgrupos o combinarlos; colocar y distribuir archivos de imágenes, clasificarlas y etiquetarlas; interactuar por medio de audio/ video conferencias; establecer espacios de referencia para redirigirse a otros sitios web y combinar algunas herramientas de comunicación que ofrece la internet, entre otras posibilidades.

Los riesgos   

Desde 1990, se advirtió la posible presencia de problemas de conducta en los primeros internautas, ya que pasaban mucho más de su tiempo laboral ante la computadora, visitando diversos sitios web. Con la popularización de las RSV se ha identificado nuevas conductas en las personas que las usan. En el campo de la salud, hoy día se habla de un nuevo género de “adicciones”: a internet, al cibersexo o a las redes sociales; temas que los expertos en psiquiatría y psicología aún estudian. 


     En 2012, este fue promovido su análisis para incluirlos en la clasificación de conductas del Manual de Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) publicado en 2013, por la American Psychiatric Association. Pero, a la fecha, ni en dicho manual ni en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10) se ha expuesto la situación. Pero, cada vez es más evidente que los usuarios de redes muestran una variedad de conductas que anteriormente no eran observadas. Algunas organizaciones dan por hecho la existencia de la adicción a estas redes y ofrecen al público instrumentos o tests para identificar la posible adicción; incluso, tratamientos, pero dichos instrumentos aún no cuentan con evidencias sólidas para demostrar su capacidad para medir lo que pretenden. 
     Es indudable que los usuarios de RSV no se comportan como lo hacían las personas hace 15 o más años, cuando no había internet; por ello es necesario atender el término “anormal”, en contraposición a lo “normal”… ¿Cuándo usarlo y en referencia a quién? Actualmente, no es normal que las personas carezcan de un dispositivo móvil (teléfono, tablet o laptop) o computadora; hace 10 años, sí lo era. ¿No tiene cuenta en alguna RSV? Eso es anormal, ya que, al menos, 63% de la población en México está suscrita a una.
     En el campo de la psicología el tema de la anormalidad ha sido analizado a partir de varias ópticas y se intenta comprender, describir y remediar aquello que provoca en el individuo estados de infelicidad o conductas desordenadas; esto incluye el sentirse diferente, lo que significa serlo y la manera que tiene la sociedad de tratar a las personas consideradas diferentes. Más allá de calificar como adicción la asiduidad de los usuarios, es menester precisar que los trastornos de conducta o psicológicos se refieren a una disfunción del comportamiento o a impedimentos en el funcionamiento de la persona, los cuales se evidencian con una respuesta no característica o no esperada socialmente, repercutiendo en sus esferas cognoscitiva, emocional o social.
     Tomando en cuenta que la mayoría de los internautas asiduos a las RSV cuentan entre 12 y 34 años, preocupa pensar que ello puede afectar el desarrollo de los adolescentes o perturbar el comportamiento de los adultos.

El término “adicción” denota elementos químicos invasivos en el organismo. De ahí
que el alcohol,  el tabaco y otras sustancias consumidas en abuso sean consideradas “elementos clave” en las adicciones. También se considera conductas adictivas no químicas o psicológicas las acciones excesivas hacia el juego, la comida, el sexo, el trabajo o las compras. Algunos de estos padecimientos se exponen en los “Trastornos de los hábitos y del control de los impulsos”, en la CIE-10 (véase http://www.psicomed.net/cie_10/cie10_F63.html).
     Las propuestas para intervenir en la salud de las personas que adolecen de trastornos en sus hábitos, derivados del uso de internet, requieren de un diagnóstico y, para el caso, se ha expuesto una variedad de instrumentos de exploración. Y ya contamos con instrumentos que actualmente tienen respaldo científico por haber demostrado su validez y confiabilidad.1,2
     La mayoría de los documentos que definen y explican el síndrome adictivo concuerdan en las siguientes características (Echeburúa, 1999; Luengo, 2004; Young, 2010; APA, 2014 y Chóliz y cols., 2016).

  • Saliencia: se refiere a una actividad particular que se convierte en lo más importante en la vida, domina sus pensamientos, sentimientos y conducta.
  • Modificación del humor: es la presencia de cambios emocionales como consecuencia de implicarse en la actividad problemática.
  • Abstinencia: reacción emocional que ocurre cuando la actividad es interrumpida o repentinamente reducida.
  • Conflicto: ocurrencia de contrariedades con familiares o compañeros de trabajo por no atender las responsabilidades asignadas.
  • Recaída: tendencia a repetir los patrones de la actividad después de haberse retirado de ella.

     Una persona que acude de manera recurrente a un bar y su perseverante conducta le produce cambios emocionales y problemas en su trabajo o en su familia, ¿es adicto a los bares? Podríamos decir que es adicto al alcohol. Pero existe una gran variedad de bebidas alcohólicas; la posible adicción sería al etanol. En consecuencia, la “adicción a las RSV” no es tal. En su caso, el individuo presentaría trastornos de conducta derivados de la incursión a los contenidos que suministra el entorno de las RSV. 
     Retomando las características de las adicciones, el síndrome de Trastornos de los hábitos y del control de los impulsos, derivados del uso de las RSV, podrá caracterizarse cuando el usuario:

  1. Es dominado en sus pensamientos, sentimientos y conducta por su uso (saliencia).
  2. Invierte grandes cantidades de tiempo y esfuerzo en la actividad y ésta va incrementándose.
  3. Altera sus estados emocionales (ansiedad, enojo), como consecuencia de implicarse en la actividad (modificación del humor).
  4. Se perturba cuando es interrumpido en la actividad o se le reduce el acceso (abstinencia).
  5. Comienza a enfrentar problemas con las personas que, lo rodean (dentro y fuera de las RSV) o consigo mismo, so motivo de la persistencia de la actividad o deja de atender las responsabilidades asumidas o impuestas en el trabajo, la escuela o el hogar (conflicto). 
  6. Reanuda la actividad de manera persistente cuando, aparentemente, la ha dejado o la ha reducido (recaída); niega tener consecuencias por el tiempo dedicado a la actividad y se jacta de poderla abandonar en cualquier momento (pero no lo hace).

    Otras conductas, de menor magnitud, pero que pueden ser síntomas de alarma:
  7. La persona se aísla de las relaciones sociales presenciales, sustituyendo este tipo de relación con las RSV.
  8. Baja  el  rendimiento  escolar,  al desviar atención a las tareas, por la permanencia desmedida en las RSV. 
  9. Descuida responsabilidades o actividades consideradas como importantes en el entorno laboral, escolar, familiar o de pareja.
  10. Manifiesta euforia cuando participa en las actividades de las RSV.
  11. Expresa irritación o ansiedad  excesiva cuando no hay conexión a internet y, por consecuencia, a la RSV.
  12. Miente o niega respecto al tiempo excesivo que permanece en las RSV.
  13. Piensa y habla persistentemente de los temas y circunstancias que suceden en la red, aun cuando no esté conectado a ella en ese momento. 
  14. Pierde la noción del tiempo o del espacio, debido a la permanencia frecuente o constante en las RSV.
  15. Presenta trastornos de sueño por  estar conectado a la RSV.
  16. Protagoniza discusiones en relación con el uso de la RSV con las personas que lo rodean.

A reserva de hacer un análisis más exhaustivo, ha de tomarse en cuenta que las RSV cubren necesidades en muchas personas, al contar con la posibilidad de ampliar o mejorar su relación social más allá de las fronteras geográficas. Para algunos, la incursión y permanencia en las redes puede contrarrestar la baja la autoestima o la introversión, así como el sentimiento de soledad y la discriminación derivada de su apariencia física o de sus preferencias políticas, religiosas o sexuales. Por otro lado, se ha demostrado la efectividad del uso de las redes sociales para convocar a grupos de ayuda ante catástrofes o situaciones de alarma, así como para ejercer el altruismo o exhibir públicamente actos injustos. No es la red social la que afecta a las personas; es la forma en que el medio se usa. 

Conclusión   

Las RSV han incrementado la posibilidad de mejorar o ampliar las relaciones sociales de la mayoría de los adolescentes y adultos. Si bien es cierto que hay quienes dedican una buena parte de su tiempo para mantenerse activos en ellas, aún no existen elementos para tipificarlos como adictos; es posible identificar rasgos similares a la conducta adictiva o problemas de conducta derivados de un desmedido uso de las redes; pero también es cierto que éstas cubren la necesidad de pertenencia de grupo en algunas personas, pues sus ideas y obras son escuchadas y conocidas, lo cual mejora su auto imagen y pueden incrementar su núcleo social empobrecido.

Referencias   
  1. Young, K. (2010). Internet  Addiction:  A  Handbook  and  Guide to Evaluation and Treatment. Wiley 2010, p.19 - 34.
  2. Andreassen (2012). Bergen Facebook Addiction Scale (BFAS).
  3. Chóliz. Evaluación y Prevención de la Adicción a Internet, Móvil y Videojuegos (ADITEC).
Néstor Fernández Sánchez

Es Licenciado y Maestro en Psicología y Doctor en Pedagogía, grados obtenidos en la Universidad Nacional Autónoma de México - Facultad de Psicología, donde ha formado parte del personal académico, desde 1976. Capacitador y asesor de cursos en línea; autor y coautor de libros y artículos relacionados con educación, capacitación, desarrollo humano y temas colaterales del uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación.

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