CyBERBULLYING
en las redes sociales.

Metamorfosis de la violencia tradicional


CyBERBULLYING
en las redes sociales.

Metamorfosis de la violencia tradicional
      Autores

En 1973, Dan Olweus, con un estudio sistemático realizado en Noruega, dio origen al estudio del fenómeno de bullying (acoso), término anglosajón que significa acoso, intimidación, maltrato entre compañeros o pares escolares; de este concepto se han derivado múltiples estudios e investigaciones a nivel mundial.
     En los últimos diez años, los investigadores en este campo hemos observado un rápido desplazamiento hacia otra forma de violencia llamada cyberbullying; su definición alude al uso de medios tecnológicos —como internet y el teléfono celular— para acosar, amenazar, desprestigiar, molestar o maltratar a la víctima; en este sentido, Smith y colaboradores1 definen el cyberbullying como “una agresión intencional de un grupo o un individuo,usando formas electrónicas de contacto, repetidas veces,hacia una víctima que no puede defenderse fácilmente por sí misma”.

Es importante establecer que el bullying comparte algunas de las características y analogías con el cyberbullying, ya que, en ambos casos se desarrolla de manera intencionada; existe una relación asimétrica de control y poder sobre el otro; es repetitivo y va dirigido a una o varias víctimas. En esta perspectiva, el cyberbullying comparte las tres características definitorias del bullying tradicional: intencionalidad, repetición y desequilibrio de poder; además, por su naturaleza digital, incluye otras nuevas como el anonimato del agresor, quien puede ocultar su identidad, con la añadidura de que los dispositivos digitales reproducen la agresión en cada reenvío.2

     Otro elemento significativo que conviene destacar es que entre los adolescentes existe una mayor propensión a incurrir en situaciones de cyberbullying cuando se han mezclados o han sido implicados en el bullying,3 aunque no es una condición necesaria y obligada, pero, regularmente, quienes han incurrido en situaciones de maltrato entre iguales, tendencialmente, se ven involucrados en escenarios de acoso en las redes, como son el sexting, sexcasting, flaming, grooming, dating violence, trollismo, entre otros.
     Según la apreciación de Kowalski: “Al igual que con el acoso tradicional, las estimaciones de la prevalencia del acoso cibernético varían según los estudios, dependiendo de la edad y el sexo de los participantes muestreados, el parámetro de tiempo evaluado y el lugar donde se produce el acoso cibernético”. Existen algunos elementos que podrían aparecer como invariantes funcionales en el desarrollo de situaciones relacionadas con la violencia en las redes; en el cuadro 1 destacamos los más significativos.

CUADRO 1. Algunos elementos presentes en procesos de cyberbullying
  • Dominio y uso de dispositivos de las tecnologías de la información. 
  • En el fenómeno del cyberbullying, al igual que en el bullying, existen diversos actores; así, en un grupo de iguales en la escuela, se da el rol de agresor —quien realiza o dirige el acoso—, el acosado —o víctima que vive la agresión— y el observador —la audiencia que percibe el acoso—.
  • Cada actor cumple su rol: la víctima, si vivió un episodio de bullying por parte de su(s) compañero(s), es posible que reproduzca la violencia en las redes sociales; y también suele ocurrir que el agresor repita la victimización y el acoso en prácticas de cyberbullying.
  • El agresor pretende hacer creer a la víctima que es merecedor del acoso, como resultado de sus equivocaciones o errores. 
  • Las acciones de ciberacoso pretenden destruir la dignidad y la moralidad de la víctima; todo ello con la participación de uno o varios cómplices. En muchos de los casos, los observadores participan como cómplices de los agresores.

 

Cada contexto histórico, social, comunitario o existencial tiene la oportunidad de sugerir los mecanismos y procesos necesarios para proporcionar posibilidades de intervención en la realidad, por lo que es importante que cada escuela tenga un diagnóstico propio que le permita trabajar adecuadamente su condición especial.


     A continuación, ofrecemos algunas recomendaciones para que los padres de familia puedan atender esta problemática, así como los centros escolares e instituciones, partiendo de que las víctimas suelen tener una baja percepción de apoyo social, además de un menor número de amistades en las diversas redes sociales —es decir son excluidos y aislados de grupos de pares—, cuando el número y la calidad de amistades resulta ser un factor de protección ante el ciberacoso (cuadro 2).

CUADRO 2. Criterios de protección ante el acoso
  1. Generar procesos formativos, informativos y de sensibilización con los padres de familia para que conozcan el funcionamiento de la diversidad de redes sociales, así como las implicaciones positivas y negativas de su uso; los riesgos y posibilidades de la utilización de éstas, así como las formas de afrontar situaciones de riesgo ante las distintas circunstancias de cyberbullying.
  2. Contar con un equipo de trabajo interdisciplinar que promueva y gestione la convivencia, además de preparar a ciberpromotores de convivencia sana, en las redes sociales, que fomenten los valores y el trabajo grupal, la solidaridad, la compasión, la responsabilidad y la ciudadanía en convivencia, en el interior de las instituciones educativas.
  3. Proponer y llegar a acuerdos con los padres para que desarrollen procesos de diálogo permanente con sus hijos sobre los valores y emociones en el comportamiento ético con sus compañeros, fomentando el respeto, la comprensión y la solidaridad hacia los otros, tanto en los espacios físicos como en el ciberespacio. 
  4. Poner límites y correctivos es fundamental, así como establecer pautas para la duración de las conexiones (sesiones), tanto del celular, como de la computadora para hacer tareas de casa, escuela, trabajo y las horas de sueño.
  5. Es importante que los padres se acerquen y conozcan la utilización que de estos medios hacen sus hijos e informarlos sobre las consecuencias y daños que desde los medios electrónicos se puede provocar, tanto para la víctima como para el agresor, al fomentar usos vinculados con cyberbullying.
  6. Desarrollar espacios de convivencia con los hijos, en quienes las temáticas de acoso en sus diferentes manifestaciones puedan constituirse en objeto de diálogo e intercambio, con la intención de generar conjuntamente alternativas de actuación y recursos, en torno a casos de bullying y cyberbullying.
  7. Establecer permanente contacto, comunicación y colaboración entre los padres de familia y las instituciones donde estudian sus hijos, informarse mutuamente y prevenirse acerca de los aspectos negativos de las relaciones on line con desconocidos.

La violencia tiene un nuevo rostro, la agresión que se está presentando por medio de dispositivos electrónicos se mantiene constante en las acciones de las personas, por lo que debemos mantenernos en alerta a las menores señales de su presencia para combatir este mal que asola a comunidades, hoy en día.
     En este texto no tratamos de denostar o satanizar los adelantos, pero el desarrollo tecnológico debe ir de la mano con el desarrollo ético que favorezca un uso saludable y adecuado de aquél. Tampoco se trata de demonizar las tecnologías, lo cual sería absurdo; sino de mostrar la necesidad de una actuación pedagógica que propicie la interacción con las TIC desde un plano educativo, ético y humano. Ignorar o negar este problema no es la respuesta más inteligente ni la más deseable, ante los problemas. Tanto el bullying como el cy- berbullying constituyen problemas a los que se enfrentan niños, adolescentes y adultos, con implicaciones, no sólo en el aspecto académico-escolar, sino que afecta a la sociedad en su conjunto, por ello consideramos importante que profesores, padres de familia, autoridades escolares, alumnos y políticos estén al pendiente y conozcan las consecuencias que derivan de este problema.
     El desarrollo de acciones en el ámbito social y escolar requiere la identificación y manejo de los factores de riesgo previos a la aparición de la violencia. 
     La educación debe promover una conducta de respeto hacia todas las personas con quienes interactuamos en las diferentes facetas de nuestras vidas, así como la resolución de conflictos sin el uso de la fuerza o denostación de algún tipo y con enfoque de género, además de promover nuevas ópticas para analizar el problema de la violencia escolar a través de políticas públicas y educativas que fortalezcan la formación de una ciudadanía en la convivencia y bienestar, buscando fortalecer el tejido social que se está presentando en la escuela, nuestro entorno y familia, con el propósito de establecer redes de comunicación, para el desarrollo y promoción de proyectos de corresponsabilidad dialógica y democrática en contextos de convivencia.

  • Bandura, A. (1991). “Social Cognitive Theory of Moral Thought and Action”. En W. M. Kurtines y Jacob L. Gewirtz (eds.), Handbook of Moral Behavior and Development, vol 1: Theory (pp. 45-103). Hillsdale, Nueva Jersey, LEA.
  • Kendrick, K., Jutengren, G., & Stattin, H. (2012). The Protective Role of Supportive Friends against Bullying Perpetration and Victimization. Journal of Adolescence. 35, 1069-1080.
  • Prieto Quezada M. Teresa, José Claudio Carrillo Navarro, Lucio López (2015) “Violencia virtual y acoso escolar entre estudiantes universitarios: El lado oscuro de las redes sociales”. Revista Innovación Educativa, Ciudad de México, núm. 68, pp. 33-47.
Ma. Teresa Prieto Quezada

Es socióloga, Doctora en Educación por la Universidad de Guadalajara, Maestra en Ciencias de la Investigación en Educación por la misma Universidad. Es miembro del SNI-II. Actualmente, se desempeña como Coordinadora de Investigación del Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas, de la Universidad de Guadalajara, donde también es Profesora Investigadora de tiempo completo. Es autora de numerosos textos y artículos distribuidos en los ámbitos nacional e internacional, relacionados con bullying y cyberbullying, violencia escolar, conflictos y acuerdos de convivencia y ciudadanía, educación para la paz, prevención y atención al maltrato en niños adolescentes, la función de la autoridad escolar y familiar en los conflictos entre pares y las narrativas de maltrato como una herramienta para identificar una realidad escolar, además de desarrollar propuestas para mejorar la convivencia en la escuela.

 
José Claudio Carrillo Navarro

Es filósofo, Maestro en Educación, por la Universidad de Guadalajara y Doctor en Psicología. Se desempeña como Profesor de Tiempo Completo. Es miembro del SNI-II y Coordinador de la Unidad de Formación Académica en el Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas. Es autor de numerosos artículos y libros a nivel nacional e internacional relacionados con el tema de bullying y ciberbullying, violencia escolar, conflictos y acuerdos de convivencia y ciudadanía, educación para la paz, prevención y atención al maltrato en niños adolescentes, además de ser especialista en temas de violencia y desconexión moral, en los entornos escolares.

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