Del aula al ciberespacio. 

El maltrato en las redes sociales


Del aula al ciberespacio. 
El maltrato en las redes sociales
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En los relatos que nos heredaron los griegos, existe un monstruo acuático con forma de serpiente, cuya fortaleza principal reside en tener muchas cabezas; característica que lo hace invencible, pues del hocico de cada una de ellas emana un veneno mortal destinado a sus enemigos y, además, cuando alguien logra cortar una de esas cabezas, inmediatamente brotan otras dos.  Es un ser aterrador e indestructible. Algo así ocurre con las diversas formas de violencia que tienen lugar en el ciberespacio. En la convivencia que se lleva a cabo en la realidad virtual, cada vez surgen formas en las cuales los individuos dañan a los demás o a sí mismos. No es extraño, entonces, ver pasar de un teléfono móvil a otro videos, imágenes y textos que ridiculizan, humillan, denigran y exhiben a personas.

La internet incluye situaciones de riesgo para quienes en ella navegan; por mencionar algunas, se da el caso de adultos que seducen a menores haciéndose pasar por niños o adolescentes; también resulta ser la arena de venganzas entre parejas que, al terminar su relación sentimental, exhiben imágenes íntimas; hay robo de información que se utiliza para el secuestro, ya sea con fines económicos o para la trata de personas; se convoca a peligrosas citas a ciegas o se reta a desafíos que convocan a dañarse o dañar a los demás, muchos de los cuales llevan a cabo una osadía digital de la que tarde o temprano se arrepienten.
     Frente a la web han ocurrido suicidios en línea, incluso, algunos asesinatos que, al ser trasmitidos en vivo, provocan el horror en la sociedad y han obligado a la población a reflexionar sobre las virtudes y no virtudes de las redes sociales.

Uno de los riesgos de internet que ha llamado la atención de quienes estamos relacionados con el sistema educativo, es el maltrato entre iguales; es decir, las agresiones entre el alumnado, pues ahora no sólo ocurre en la escuela, sino que navega del aula al ciberespacio y encalla en las redes sociales, provocando el sufrimiento de los estudiantes y el desasosiego de la sociedad por las consecuencias, en ocasiones, funestas.
     Esto es grave, ya que tanto jóvenes como adolescentes tienen especial afinidad e interés hacia el uso de dispositivos y plataformas en los que la comunicación digital está presente.1 Para los jóvenes de la llamada generación millenialsI y la floreciente generación Z,II el uso de la tecnología de internet es irrenunciable, ya que sin ésta quedan aislados de sus círculos de amistad y sin posibilidades de acceder a las actividades de ocio que la red ofrece.2 
     Por otro lado, el maltrato en las redes, conocido como cyberbullying o “acoso en línea”, al ser considerado un tipo de acoso indirecto —es decir: maltrato entre iguales, en este caso, estudiantes—, se origina en el aula y es continuado en las redes sociales o viceversa.


     El acoso en línea engendra un daño psicológico de alto impacto, pues, a diferencia del maltrato presencial en el cual el agresor resulta fácil de identificar, en la modalidad de “violencia en la red”, la mayoría de las veces, la víctima no sabe a quién se enfrenta y lucha contra una especie de fantasma que le hace perder la cordura, llevándola, en casos graves, a pensar en o cometer suicidio.
     Smith3 define el cyberbullying como una agresión intencional por parte de un grupo o un individuo, mediante formas electrónicas de contacto, en repetidas veces, a una o varias víctimas que no puede(n) defenderse fácilmente por sí misma(s).
     Willard —citado por Calmaestra—4 señala que el acoso puede presentarse mediante mensajes de texto desagradables o dañinos, recibidos por el teléfono móvil; a través de fotografías o videos realizados con las cámaras de los teléfonos móviles para, posteriormente, ser enviados a la víctima o usados para amenazarla con subirlas a la red.
     Suele haber cyberbullying mediante llamadas telefónicas acosadoras o envío de correos electrónicos con la misma intención, así como de mensajes desagradables o amenazantes, ya sea de voz o escritos. En ocasiones, la víctima es difamada, mediante el hecho de colgar información personal o íntima para ridiculizarla ante los demás en páginas web, que pueden ser foros, redes sociales o páginas de intercambios de archivo como youtube o flickr.
     Por supuesto, en la red también hay suplantación de personas o robo de identidad cuando una persona se hace pasar por otra o usa su teléfono para increpar a los amigos de la víctima—, con lo cual daña su reputación y deteriora sus amistades; pues, quienes reciben el mensaje creen que lo está enviando la víctima y pueden romper su amistad con ella.
     El maltrato también está presente en el hecho de excluir a alguien de un grupo on-line de forma deliberada y cruel para, después, ignorar sus mensajes y discriminarlo(a). Actualmente, es frecuente que personas tomen fotos y videos —sin el consentimiento de quienes en estas imágenes aparecen— para convertirlos en los llamados “memes” que, encubiertos en aparentes bromas, causan severos daños psicológicos, pues, generalmente, son utilizados para hacer de estas personas objetos de burlas.
     La información viaja a velocidades insospechadas por el ciberespacio y se esparce como los virus, por eso no es extraño escuchar que una fotografía o un video se hizo viral. Las redes sociales se sustentan en la teoría de los seis grados, según la cual, una persona en la Tierra puede estar conectada con cualquier otra a través de una cadena de conocidos que no tiene más de seis eslabones humanos; por lo tanto, un maltrato en la red se masifica en segundos. El cuadro 1 informa sobre los resultados de una encuesta aplicada a una muestra de 1,426 alumnos de 27 escuelas preparatorias de Nuevo León, como parte de una investigación para conocer la incidencia del acoso en línea entre el alumnado.
     La discriminación es uno de los principales maltratos que sufren los alumnos al ser ignorados por las personas con las que necesitan o quieren relacionarse. La indiferencia vista como violencia afecta a uno de cada dos alumnos, pues, como se puede observar en el cuadro, 56.2% de la muestra afirma haber sido objeto de ese maltrato. Lo mismo ocurre con quienes han detectado que sus contactos intencionalmente los han “dejado en visto”, es decir: reciben y leen el mensaje que les fue enviado, pero no dan respuesta con el afán de molestarlos.

El acoso cibernético, como ha sido demostrado, es una realidad en la convivencia de los estudiantes; en las escuelas preparatorias afecta, por lo menos, a uno de cada dos estudiantes.
     En las instituciones educativas existe una notoria ausencia de protocolos de actuación ante el surgimiento de casos de maltratos en la red. Creemos que debería haber en el currículo académico unidades de aprendizaje orientadas a atender la necesidad de conocimientos que permitan a los usuarios navegar seguros en la red, que enseñen a cuidar de uno mismo y de los demás en el ciberespacio. Es decir, debemos educar para transformar. Castigar es atender el síntoma, atacar al monstruo, lo cual no evita su nacimiento ni su permanencia en las redes.

Luis Antonio Lucio López

Es Doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad Complutense de Madrid. Profesor investigador de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Ha sido reconocido con el perfil deseable PRODEP y ha pertenecido al Sistema Nacional de Investigadores. Se cuenta entre los investigadores pioneros en México de los estudios de bullying y cyberbullying. Es autor del libro Bullying en prepas; una mirada al fenómeno desde la axiología y la docencia. Es coautor, con la Doctora Ma. Teresa Prieto Quezada, del libro Escuelas sin miedo; guía para la prevención y detección del acoso escolar, publicado en 2015 por la Universidad de Guadalajara. Ha publicados artículos en revistas científicas y presentado ponencias en diversos congresos internacionales. Cuenta con dos maestrías, una en Terapia Breve Sistémica y otra en Formación y Capacitación de Recursos Humanos.

Fernando Javier Gómez Triana

Es Doctor en Psicología, Maestro en Enseñanza de las Ciencias, en Administración de Recursos Humanos y tiene la especialidad en Docencia a nivel superior. Actualmente, es Profesor de posgrado en la Facultad de Psicología de la UANL y Director del Sistema de Estudios de Nivel Medio de la UANL. Ha sido ganador del Premio Gilles Boulet 2014 en Brasil por su investigación en Motivación, así como de seis reconocimientos de la Secretaría de Educación Pública por sus mejoras a la Gestión Administrativa. Es coautor de cuatro libros de matemáticas para el NMS de la UANL, autor de tres artículos publicadas en revistas con ISSN y de dos ponencias presentadas en congresos internacionales (2014, 2015).

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