Conocer para cuidar
Una forma de valorar el patrimonio en localidades de Mérida, Yucatán


Conocer para cuidar
Una forma de valorar el patrimonio en localidades de Mérida, Yucatán
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Las localidades, sin importar su tamaño, cuentan con atractivos de diversa índole: espacios que conservan las condiciones naturales, ofreciendo paisajes y ecosistemas únicos; edificaciones singulares de diversas épocas, raíces, tradiciones culturales, mitos y vida cotidiana particulares. Todos esos atractivos motivan a las personas a visitarlos; es decir: se conviertan en turistas y viajeros para ir a apreciarlas y disfrutarlas.
     La Organización Mundial de Turismo y la Secretaría de Turismo definen el turismo como la actividad de aprovechamiento del tiempo libre que requiere traslado voluntario a un sitio diferente al lugar de residencia habitual, viaje que demanda bienes y servicios con diversos efectos e impactos. La forma de turismo considerada de baja escala es la sostenible, por tener bajo impacto en el medio ambiente, así como en las comunidades y culturas locales, generalmente involucradas de manera directa e indirecta.

Un grupo de investigadores de diversas especialidades hemos trabajado juntos, desde 2015, en la Red de Estudios Multidisciplinarios de Turismo (Remtur), ya que compartimos la preocupación por conservar los bienes naturales y culturales de la Península de Yucatán, a la vez que investigamos las fórmulas integradoras de desarrollo social y económico más idóneas para conjugar turismo y patrimonio, tanto cultural como natural.  

Edificio original de la ex-Hacienda Dzoyaxché, cuarto de máquinas y paseo en truck.
Foto: Manuel Martín Castillo


     Esta colaboración condujo a la propuesta de realizar una evaluación del potencial turístico peninsular utilizando una metodología unificada que nos permitiera la identificación de recursos patrimoniales turísticos, naturales y culturales, tangibles e intangibles.
     La metodología va encaminada a detectar los recursos patrimoniales y garantizar las mejores actuaciones
que conlleven a convertirlos en productos turísticos, procurando evitar la manipulación del patrimonio que, sin el adecuado análisis e involucramiento de la población local —en cuanto a planificación territorial, detección de posibles huellas ecológicas, tanto positivas como negativas y de gestión que,  con frecuencia, generan impactos no deseados, tanto en la calidad de vida como el medio ambiente— no será posible construir proyectos sostenibles física, social y económicamente

Los pasos…   

La metodología propone la realización de cinco pasos: 

  1. Partiendo del conocimiento que las personas poseen sobre su territorio y costumbres, realizar el inventario del patrimonio en la búsqueda de recursos culturales y naturales que sean o tengan el potencial de convertirse en atractivos turísticos, así como el de la infraestructura turística con que se cuenta. Los resultados han sido plasmados tanto en mapas temáticos como en una base de datos —un Sistema de Información Geográfica (SIG)—; con la participación comunitaria, se incrementa el control del patrimonio, se acentúa el cuidado, se evita su pérdida y se potencia la gestión de las comunidades.

    Sede de la Comisaría de Molas. Edificio inaugurado en noviembre 30 de 1929.
    Foto: Manuel Martín Castillo

  2. Identificar quién visita los sitios y cuáles son sus requerimientos; a este paso llamamos determinar el perfil del visitante. Pero también es necesario saber cuántas personas y con qué frecuencia pueden visitar un lugar sin dañarlo o ponerlo en peligro; información que se obtiene mediante un estudio llamado evaluación de la capacidad de carga. A esos análisis se agrega la conservación de elementos intangibles, como el paisaje cultural: un tipo de patrimonio que se define como el “resultado de la interacción en el tiempo de las personas con el medio natural, cuya expresión es un territorio percibido y valorado por sus cualidades culturales, producto de un proceso y soporte de la identidad de una comunidad”.I 
  3. Teniendo la información anterior, se procede a realizar la evaluación del potencial turístico, para evitar desequilibrios e impactos negativos en el desarrollo espacial de la actividad turística.
  4. La planificación territorial turística participativa es el siguiente paso y se refiere al diseño del producto turístico y las gestiones con diversos sectores para que entre en funcionamiento, tenga las mejores condiciones para todos los actores y que los patrimonios se mantengan sin daños.

    Vista de la ex-hacienda henequenera de San Pedro Chimay y la chimenea original; ambas edificadas en enero de 1875. Foto: Manuel Martín Castillo

  5. Finalmente, se diseña el Producto Patrimonial Turístico para su puesta en marcha y se hace la propuesta sobre las acciones necesarias para su comercialización y consumo.

Es importante comentar que, aun cuando la ruta estudiada tiene potencial turístico por la gran cantidad de atractivos patrimoniales, las autoridades municipales no consideran la posibilidad de desarrollarla en el corto plazo, pues argumentan que se carece de un programa de seguimiento, así como de recursos para la operación.
     Uno de los resultados de nuestro estudio es la identificación de la voluntad de los habitantes para reconocer, cuidar y revalorar sitios, ambientes y edificaciones con el fin de tener la alternativa del turismo como opción de empleo.


     Nuestro trabajo representa el primer paso de un inventario patrimonial, lo cual implicó hacer el reconocimiento de los sitios que la comunidad distingue como valiosos y sistematizar la información en fichas. Esto se considera el inicio para que los habitantes y autoridades trabajen con el objetivo de evitar su pérdida.
     Es muy importante reconocer otro recurso también valioso: el patrimonio intangible que, a través de la vida cotidiana y la convivencia entre generaciones, se preserva y enriquece: fiestas tradicionales, comida, bailes, indumentaria, leyendas, lengua… Todo para que pueda ser disfrutado por quienes visitan la región.

Carmen García-Gómez

Es Doctora en Arquitectura por la Facultad de Ciencias Antropológicas de la Universidad Autónoma de Yucatán.

Alma Acuña-Gallareta

Es Maestra en Ciencias Antropológicas por la Facultad de Ciencias Antropológicas de la Universidad Autónoma de Yucatán.

Manuel Martín-Castillo

Es Doctor en Antropología Social por la Facultad de Ciencias Antropológicas de la Universidad Autónoma de Yucatán.

Milagrosa Pérez-Sánchez

Es Doctora en Ingeniería por la Facultad de Ingeniería de la Universidad Autónoma de Yucatán.

Cecilia Medina-Marín

Es Maestra en Antropología Esquelética por la Universidad Intercultural Maya de Quintana Roo.

Elena Pérez-González

Es Doctora en Historia, Territorio y Cultura, por la Universidad de La Laguna, España.

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