Movilidad social en México


Movilidad social en México
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La metodología de medición de pobreza en México muestra las variaciones que han tenido los índices de pobreza a lo largo del tiempo. De acuerdo con la Ley General de Desarrollo Social, la pobreza debe ser estimada por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) cada dos años, para los casos nacional y estatal, y cada cinco años para el municipal.1 Sin embargo, dicha metodología no permite informar si las cifras de pobreza que observamos reflejan el estado de pobreza de la misma población, o de una parte de ésta. En 2002, investigadores de la Universidad Iberoamericana y el Centro de Investigación y Docencia Económicas diseñaron un instrumento ideal para el estudio de dinámicas de población, con el fin de llevar a cabo una investigación sobre Movilidad Social en México.2

La medición de la pobreza en México está en manos del Coneval (Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social), institución que considera dos dimensiones: el espacio del bienestar económico y el de los derechos sociales; con base en tales parámetros se define el rubro “población en pobreza extrema”, como aquella que presenta tres o más carencias sociales, como el no acceso a alimentación, salud, educación, seguridad social, servicios básicos y a la calidad de espacios en la vivienda; además de no contar con el ingreso suficiente para adquirir una canasta alimentaria. Asimismo, ubica en grado de pobreza a la población que tiene, al menos, una carencia y no cuenta con ingresos suficientes para adquirir satisfactores necesarios, además de los correspondientes a la alimentación.1

     La gráfica 1 muestra los índices de pobreza en México en 2010, 2012, 2014 y 2016, de la cual se desprende que el nivel de pobreza a lo largo de estos años no ha cambiado considerablemente. Este escenario se puede apreciar comparando el número de personas que enfrentaron una situación de pobreza o pobreza extrema en el periodo. 
     La aparente estabilidad en estos indicadores puede deberse a que la pobreza es muy difícil de erradicar y, por tanto, sus índices no cambian con facilidad; lo cual se debe a que los indicadores son de carácter estático y por tanto representan simples fotos en un momento en el tiempo y ocultan aspectos importantes acerca de la dinámica de la pobreza que sólo son visibles a través de estudios que incorporan cambios a lo largo del tiempo; es decir, aquellos que permiten mostrar la película completa.

Existen distintas formas de medir desigualdad social y económica. En este presente estudio utilizamos una muy simple, pero poderosa, que hace uso de datos longitudinales, los cuales provienen de una encuesta muy particular: La “Encuesta Nacional sobre Niveles de Vida de los Hogares” (ENNViH),3, 4, 5 cuyas características principales son: primero, se trata de una encuesta multitemática; es decir, recaba, en un mismo instrumento, información sobre distintas dimensiones de bienestar de los individuos (educación, migración, gasto, ingresos e inseguridad, entre otros) y, segundo, es una encuesta que entrevista sólo a quienes conforman la muestra seleccionada originalmente a lo largo del tiempo.
     La primera entrevista se llevó a cabo en 2002, y hubo visitas subsecuentes en 2005, 2010 y 2018. La encuesta sigue a los individuos, independientemente de su lugar de residencia, lo que garantiza contar con la información, incluso, de aquellos que tradicionalmente migran; a diferencia de las encuestas de corte transversal, que sólo tienen información de quienes se encuentran en un domicilio particular al momento de la entrevista.

Para medir la movilidad se utiliza una definición asociada con la cronicidad de la pobreza, para lo cual se divide a la población en cuatro grupos conformados en función del número de veces que sus miembros experimentaron condiciones de pobreza, y estos datos son analizados a la luz de la metodología del Coneval, durante las tres rondas a partir de datos recolectados por la ENNViH.
     Los grupos están conformados de la siguiente manera: 

  1. Pobreza crónica: población que en las tres rondas fue clasificada como pobre.
  2. Pobreza persistente: población clasificada como pobre en dos de las tres rondas de la encuesta.
  3. Pobreza transitoria: población clasificada como pobre en una de las tres rondas.
  4. No pobre: población que en ninguna de las tres rondas fue clasificada como no pobre.


     Dentro del estudio, se considera dos definiciones de pobreza para cada una de las correspondientes a movilidad: aquella que se relaciona con pobreza extrema y la que se vincula con la definición de pobreza multidimensional total.

 

Los resultados indican que, de 2002 a 2010, utilizando la definición amplia de pobreza (pobreza multidimensional), 25.3% de la población vive en pobreza crónica, 23.7% experimenta pobreza persistente, 24.4% experimenta pobreza transitoria, y 26.6% nunca experimentó pobreza. Nuestra estimación de pobreza crónica no difiere mucho de la realizada por Pérez y Soloaga (2013),6 quienes encuentran que, de 2006 a 2010, alrededor de 30% de la población vive en pobreza crónica, que 45% de la población nunca vivió en condiciones de pobreza, mientras que nuestro estudio muestra que solamente 26.6% vive en situación de pobreza. En términos de movilidad social, este estudio sugiere que 50% de la población mexicana no permanece en la misma condición de pobreza a lo largo del tiempo, mientras que el otro 50% permanece inmóvil. No obstante, al utilizar la definición de pobreza extrema para definir grupos de pobreza, los resultados indican que 1.5% de la población enfrentó pobreza crónica extrema, 5.1% pobreza persistente extrema y 16.6% pobreza transitoria extrema.

Conclusiones   

Con base en los resultados obtenidos, desprendemos tres conclusiones.
     En primer lugar, analizando ambos resultados en conjunto (los de pobreza total y la pobreza extrema), se puede afirmar que hay movilidad, las personas salen y entran a la pobreza. Es decir, se trata de gente que cae en pobreza, pero no necesariamente permanece en esa situación. En términos de movilidad, siete de cada diez mexicanos experimentaron pobreza en un periodo de diez años (2002-2012), cinco de cada 10, la experimentaron de manera crónica y persistente. La lectura estática de la pobreza indicaría que cerca de 50% de la población se encuentra en pobreza, sin considerar que hay entradas y salidas de ella. Los pobres persistentes y transitorios sí muestran movilidad. Cerca de la mitad de la población transita constantemente entre los grupos de pobreza multidimensional (crónicos, persistentes y transitorios) y la no pobreza.
     Sin duda, esta población es un grupo muy vulnerable, por tanto las políticas públicas deberían enfocarse en el desarrollo de programas que les ayuden a mitigar su inestabilidad en el tiempo. Para ellos sería indispensable implementar  programas dirigidos a mantener sus ingresos y evitar caídas temporales. 
     En segundo lugar, sólo 1.5% de la población permanece en pobreza extrema crónica a lo largo del tiempo, cuando, de acuerdo con las cifras del CONEVAL, el grupo de pobres extremos en un momento en el tiempo, ha permanecido  en alrededor de 10% en las últimas tres mediciones. Esto nos lleva a pensar qué tipo de políticas públicas debe dirigirse a este segmento de la población. Ese pequeño segmento no ha tenido posibilidades de moverse hacia ningún lado; ha permanecido en una trampa de pobreza. Para ellos las políticas del gobierno deben ofrecer, no sólo programas que mejoren sus oportunidades y el desarrollo de sus capacidades, sino también resolver los problemas más inmediatos, aquellos relacionados con los derechos más elementales: alimentación, salud y vivienda. Ese grupo aparece —en el periodo de estudio— como un grupo estructural y permanentemente en desventaja. 
     Finalmente, si se toma sólo las cifras que únicamente nos dan una caracterización de la pobreza en un momento, se corre el riesgo de instrumentar políticas de corto plazo que no permiten ver el problema en su conjunto. Para erradicar la pobreza es indispensable entenderla y contar con un panorama amplio sobre lo que es ésta, cómo cambia a lo largo del tiempo y qué factores influyen en esos cambios. 

Graciela Teruel Belismelis

Trabaja en el Instituto de Investigaciones para el Desarrollo con Equidad (EQUIDE), Universidad Iberoamericana. es codirectora de la Encuesta Nacional sobre Niveles de Vida de los Hogares. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (III), y consejera académica de Coneval.

 
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