El último mamut


El último mamut
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La terrible matanza de elefantes desatada por los cazadores furtivos en sitios como Botswana, África, hace temer que muy pronto —en términos geológicos—, por la acción humana, desaparezca de la faz de la Tierra la casi totalidad de las especies de proboscídeos que quedan en el planeta.

Por eso es muy interesante analizar la suerte de otra especie de paquidermos que se extinguió hace muy poco tiempo —en esa escala geológica temporal—, algo en lo que no se descarta que tuvo alguna influencia nuestra propia especie, hace unos 8,000 o 9,000 años. 
     Sin embargo, persiste el rumor de que en algún lugar del inmenso y congelado sitio que alguna vez habitó el mamut lanudo (Mammuthus primigenius) han logrado sobrevivir algunos ejemplares.1 Según esto, un explorador grabó imágenes de lo que parece ser la criatura prehistórica, en teoría extinta, desde la edad de piedra.
     Un explorador de la gélida región del norte de Rusia capturó en imágenes lo que podría ser un ejemplar de mamut siberiano vivo y caminando, a juzgar por el video que subió a la web. La especie prehistórica se extinguió antes de que surgieran las civilizaciones, pero ante la pregunta planteada por este descubrimiento, resulta que, en efecto, sobrevive en algún lado.
     Supuestamente, lo que habría visto un individuo en los bosques de la Región Autónoma Chukotka Okrug fue un animal de gran tamaño, de andar pesado, pelaje rojizo y “grandes cuernos en la cara”. Lo que se describe podría ser un mamut siberiano, y el periódico sensacionalista inglés The Sun asevera que el descubridor es un ingeniero empleado por el Estado ruso que estaba recorriendo la zona para ayudar a construir una carretera.
     “Es muy probable que una cantidad de especímenes haya sobrevivido en esta zona. Si hay mamuts vivos en Siberia, ello podría detener los planes de Rusia de explotar la región”, aseveró el escritor Michael Cohen.1
     Lo anterior, lamentablemente, carece de credibilidad. Aunque extensa, la región siberiana ha estado habitada desde hace muchos siglos y es propiedad de Rusia desde el siglo XVIII; no han faltado exploradores ni poblaciones locales que la hayan habitado y explorado con detalle, sin que hayan reportado algo tan ostensible como los rebaños de mamuts, que eran animales muy gregarios.
     Los mamuts habitaron la Tierra durante la Era Glacial, aunque también llegaron a vivir en lugares tan al sur como el Valle de México, y después quedaron confinados a pequeños rincones del planeta donde no hubo deshielo total, como en la isla Wrangel, en Siberia, de donde desaparecieron, según parece, hace unos 3,500 o 4,000 años.2
     Los mamuts desaparecieron de tierra firme hace más o menos 10,000 años; pero en una isla del Mar de Bering, al norte del océano Pacífico, se han encontrado restos óseos de estos animales, lo cual indica que lograron subsistir por algunos milenios más, hasta que agotaron los recursos necesarios para vivir.
     Así que, mientras la era posglacial ha sido determinante para el auge y desarrollo de la raza humana, en el polo norte, concretamente en la isla de Saint Paul, los días estaban contados para estos mamíferos. Allí no existe registro de actividad humana antes de 1700, muchos siglos después de que el último mamut desapareciera.
     Según un reciente estudio publicado en la revista especializada Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), los sobrevivientes de la última glaciación vivieron allí aislados;3 sin embargo, contaban con lagos y una vegetación estable; pero en esta isla de unos 110 km2 no había ríos ni manantiales.
     Ello, aunado a la gran cantidad de agua que necesitaban consumir cada día, el aumento del nivel del mar, así como la elevación de la temperatura, resultaron ser una combinación fatal.
     Los paquidermos lanudos se fueron congregando más y más alrededor de los pocos pozos de agua que quedaban; pero al parecer la erosión del terreno circundante, creada por ellos mismos, causó la sedimentación de los lagos. Así, poco a poco, fueron muriendo de sed.
     También su necesidad de alimento y su capacidad de devorar las cortezas de los árboles “destruirían la vegetación”, explica el principal autor del estudio, Russell Graham: “Y esto dio pie a que la erosión de sedimentos llegara al lago, lo que hace que cada vez se produzca menos agua potable. […] Los mamuts estaban contribuyendo a su propio deceso”.
     “Sabemos que los elefantes modernos necesitan entre 70 y 200 litros de agua al día”, agrega. Los mamuts de Saint Paul requerirían mucha más agua que los elefantes de hoy, debido a que estaban adaptados para retener el calor, mientras que los parientes de hoy lo difunden y evaporan. La disponibilidad del agua en esa isla, tanto ahora como entonces, estaba restringida a aguas subterráneas poco profundas, varias lagunas costeras y tres lagos de cráter.
     Los humanos no colonizaron esas tierras hasta 1787, cuando cazadores rusos de ballenas llegaron a la isla. Los osos polares, por cierto, llegaron ahí unos 1,000 años después de la extinción de los mamuts. 

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